
De vez en cuando suelo soltar interiormente un Wow! cuando me doy cuenta de lo que las tecnologías cambian mis hábitos. El último, hoy mismo. Ya uno no se imagina la vida sin el GPS y Google Maps en el bolsillo. Salir de casa con la hora pegada al culo sin saber a dónde vas, pero que de camino al metro te da tiempo de sobra para averiguar el recorrido más corto (algún día incluso el menos concurrido en ese momento).
“Con la instantaneidad de la información, ya no queda tiempo para la historia”. Jean Baudrillard. El paroxista indiferente, 1997.
O de cómo encontrar un local o servicio de tu gusto con AroundMe en el bolsillo, son esas pequeñas comodidades que te hacen la vida más fácil y divertida. Una vez me comentaron ¿y no es mejor preguntar? tal vez sí para encontrar la farmacia o el banco más cercano, pero cuando se trata de recomendarte un restaurante, ahí las opiniones empiezan a ser más subjetivas y menos comúnes.
Ya ni siquiera apunto las direcciones de los sitios que me gustan, siempre he tenido muy buena memoria visual y muy buena orientación. Por lo que ahora cuando un sitio me gusta o me llama la atención como para ir a descubrirlo en otro momento, ya no hago nada. El hecho de que me llame la atención me hará recordar la zona y algo que conozca que esté cerca. Es cuestión de una breve búsqueda en Street View para encontrar la puerta del sitio, que si además es un restaurante miraré de paso en 11870 para contrastar la, a priori, buena pinta del sitio. Descargar aplicaciones en el Iphone en el momento me hace inevitablemente pensar en las palabras de Trinity a Tanque antes de escapar de los agentes: “Necesito un curso para pilotar un helicóptero”.
Si aún no eres consciente de la nueva realidad, ¿cuándo vas a despertar?
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