Esta semana gracias a un precioso pete de la placa base he evidenciado las maravillas de la llamada web 2.0, la nube o si nos dejamos de nombres rimbombantes, el estado actual de la web. En primer lugar, estaba bastante tranquilo, incluso con el disco duro principal para tirar a la basura tenía toda la información imprescindible en mi cuenta de Gmail, en Google Docs y en Zoho.com. Y los archivos multimedia y todo mi historial universitario y los proyectos pre-2.0 a buen recaudo en el disco duro externo libre de picos de tensión.
Pasaron varios días donde echaba en falta una pantalla que no fuera la del miniportátil Compaq de 14″ sin salida a VGA, el Adobe Photoshop sin él que no se vivir… y poco más. Bueno, el maldito sistema propietario del Iphone y la retrógrada Itunes Store + Itunes, pero hablemos de cosas bonitas…
Varios días después de estar pudiendo operar al 80% de lo habitual para mí, reinstalo Windows XP y en cuestión de media hora más tengo reinstalados todos los programas habituales que utilizo (herramientas de desarrollo web, edición gráfica, utilidades varias, navegadores web y suite ofimática). Y entonces me fallan los drivers de audio. Así que particiono el disco e instalo Ubuntu, 9 se actualizan los paquetes via red, y ¡voilá!
Lo curioso es que en cualquiera de las reinstalaciones lo primero que hice es guardar en favoritos mis sitios habituales, es decir, Gmail, Google Docs, Facebook, LinkedIn, mis blogs y alguna que otra página de noticias. (Lo se, me falta usar del.icio.us), y lo segundo fue entrar en ellos. Además en cualqueirda de ellos un navegador web me asegura la interoperatibilidad. En resumen, ¿que necesitamos ahora en el día a día? un pequeño SO y un navegador. Aunque soy partidario de tener una buena base de datos en un HD externo en el que no dependas de una conexión de red para acceder. Y será difícil sustituir las aplicaciones de escritorio pesadas como los editores de video, imagen 2D o 3D y los entornos de programación.
Aunque asusta la cantidad de información que Google y otros grandes tecnológicas de la sociedad de la información tienen de nosotros (véase Facebook), pero no cabe duda de que las bases ya se han sentado, y no hay vuelta atrás, bienvenidos al futuro, un futuro social y virtual donde, y ahora más que nunca, la llave para hacer de estas nuevas herramientas lo que queremos que sean, está en cada uno de nosotros. Tenemos la capacidad de hacer un mundo libre, con la regulación y la transparencia necesaria para garantizar un correcto funcionamiento en haras del progreso de la humanidad o dejar que se convierta en un sistema de control con el que etiquetarnos, lavarnos el cerebro o vendernos al mejor postor. Piensa, si mañana inventaran el cuchillo, ¿lo prohibirías por ser un objeto punzante o alabarías por lo que te facilita comer carne? En el punto medio está la virtud.
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